Desde hace algunos meses me pegó la chingonería absoluta de Patti Smith. De acuerdo, su carrera no ha sido tan consistente como de otras “leyendas” del rock, pero Patti ha hecho suficientes méritos, en varios niveles (musical, lírico, conceptual, artístico, etc.), como para estar considerada como uno de los íconos más contundentes de la música contemporánea. Y no se trata solamente de perpetuar el culto a la personalidad, es que de verdad, pocas personalidades como la de Smith, siempre implacable, inventiva y dispuesta a correr riesgos.
Pero bueno, mi intención no es hacer una retrospectiva de Smith, sólo compartir información sobre su nuevo álbum. Uniéndose a la popular tendencia actual de los discos de covers por artistas más que consagrados (la serie American de Johnny Cash, o el reciente Dylanesque de Bryan Ferry), el nuevo disco de Patti, Twelve, sale a la venta el 24 de abril. Trae covers que podríamos llamar cliché, como Are you experienced? de Hendrix o Soul kitchen, de los Doors, pero el que se la lleva es Smells like teen spirit, que está buenísimo. Lo tienen en Stereogum.
Una característica imprescindible de un fenómeno cultural es que de cierta manera, o en cierto nivel, retrata el momento social-cultural-artístico del momento en el que ocurrió. Y no cabe duda, 300 es todo un fenómeno cultural. Más allá de calificarla como un vacuo ejercicio en estilo (que en varios niveles lo es), apela a cierta sensibilidad propia de nuestros tiempos: desde la hipermasculinización homoerótica propia del cine tarantinesco (que ya es un término en sí), complementada con la facilidad tecnológica que permite trasladar un medio a otro, hasta el llamado “dulce visual”, que, también por las capacidades tecnológicas (propias de nuestra época), puede sustentar una película sólo por “verse bien”.
300 es sin lugar a dudas un espectáculo fascinante, y exitosa como ha sido, es fácil (y previsible) criticarla por no ser mucho más que eso. Nada más absurdo y corto de vista que criticarla por su “inexactitud histórica” (chale). Y todavía peor, tratar de extraer de ella una analogía política sobre la sed de sangre de la administración de Bush. Es un divertimento, un excelente divertimento, cuyo discurso es tremendamente limitado pero nunca pretende excederlo (los conceptos de El Honor y La Libertad en películas épicas como ésta van rigurosamente al cajón de lo absolutamente intrascendente y obsoleto).
Pero en fin, el punto es que considero que 300 merece todo el éxito que ha tenido por ser una especie de paradigma de lo que es considerado “lo cool” hoy en día (desde una perspectiva totalmente masculina, claro está), desde un nivel del personaje (el modelo del semental guerrero despiadado), hasta en lo que respecta a la técnica cinematográfica (las incesantes modificaciones a la velocidad de las que South Park hace mofa en su último episodio).
De la misma manera que 300 ha despertado críticas y elogios apresurados, María Antonieta, la última película de Sofia Coppola, tuvo una recepción muy fría (¿Fría? Más bien despiadada) cuando fue estrenada, en buena medida por los ecos del mentado “abucheo” en Cannes, pero especialmente, y a riesgo de sonar como guardián de la corrección política, porque su realizadora tiene ovarios y es hija de un director legendario. Esa es una losa que Coppola cargará durante un tiempo más, a pesar de haber demostrado, por tercera ocasión, su innegable instinto cinematográfico. En serio, puedo nombrar muy pocos cineastas contemporáneos con un repertorio tan rico y completo en sus tres primeras películas.
Continuando en la línea de Vírgenes suicidas y Lost in translation, Coppola muestra otro personaje femenino contenido en un mundo etéreo, como de sueño, que lo constriñe y sofoca, sin tener una plena conciencia de su condición. La metáfora del ave enjaulada. Esa línea temática o motivo recurrente en sus personajes también es causal de la crítica inmerecida hacia Coppola. En el papel un retrato de una chica mimada suena pedante, pero, como leí en algún lado (lo siento, no recuerdo dónde) si Tarantino o Michael Mann han hecho su carrera en base a “viriles hombres en poses de alta testosterona”, ¿por qué Sofia no puede hacer su llamada “Little girl lost trilogy” sin merecer una crítica imparcial y sin ser acusada de ser ella en sí una niña derrochada hija de papi? Sexismo, digo yo.
Pero en fin. María Antonieta es la anti película “de época”, una confección pop, que como 300 (aunque superior en todos los niveles) maneja una suerte de anacronismo kitsch forjado en base a su opulencia visual (y de valores de producción), y que en el caso de Coppola funciona para brindar inmediatez a la exploración de su sujeto. Y es ahí donde el talento narrativo de Coppola luce en su mayor esplendor: al retratar a María Antonieta como una muchacha cualquiera,. dentro de un contexto reconocible por analogarlo con la realidad actual (en base a música y ciertos detalles estratégicos), facilita la identificación con la audiencia, disfrazando la brecha temporal y de cierto modo mostrando a su personaje como una víctima de las circunstancias, más allá del bien y del mal. Al mostrarnos "la vida en Versalles" exclusivamemente desde los ojos de su protagonista (u ocasionalmente del igualmente desubicado rey), Coppola pinta sutilmente un retrato increíblemente íntimo, invitando a compartir (que no a conmiserar) la desolación y/o la incertidumbre de un ser rebasado por su entorno y las expectativas creadas en torno a él.
Children of men es, en mi humilde opinión, el mejor escenario distópico inmediato plasmado en el cine. Bueno, no sé si el mejor, pero por lo menos el más creíble. Digo, ¿a poco no es inquietantemente cercano a lo que todos pensamos podría ser el 2028? He escuchado muchas críticas al filme de Cuarón en la vena de ser un espectáculo vacío (o sea, para sus detractores, una película de acción, como si eso fuera un defecto), o, incomprensiblemente, que no tiene sentido. Pero ese tipo de argumentaciones es no ver el bosque por los árboles. Children of men es una experiencia orgánica, viva, que involucra al espectador al prácticamente introducirlo a la trama, y ni hablar, de una ejecución técnica impresionante. Creo que Children of men fue ideada como un viaje (perfectamente orquestrado, sobra decirlo), una montaña rusa, si quieres, y cuando un viaje es tan intenso y satisfactorio, yo no tengo quejas por pequeños hoyos en la trama. De hecho, creo que es una de las mejores películas del año. Bonus: chéquense el (bastante chido) portafolio que Foreign office creó para la película.
The departed (Martin Scorsese, 2006)
¿Soy yo, o acaso el mundo no es un lugar un poquito más triste ya que Scorsese tiene un Óscar? Es que los genios, las grandes deidades cinematográficas no ganan Óscares. No en balde Kubrick, Altman, Welles, Hitchcock, Lynch y tantos, tantos otros no tienen su ostensiblemente merecida estatuilla dorada. Ron Howard, Sydney Pollack y Paul Haggis ganan Óscares. Pero en fin, Scorsese DE VERDAD lo quería (Dios sabe que lo buscó) y a quién puede no darle gusto la genuina alegría que mostró en la ceremonia. Y francamente, la suya es una de las mejores películas en ganar el Óscar en los últimos años. Sí tiene similitudes, pero creo que es injusto compararla con Goodfellas o incluso Casino. Es una excelente película de policías y ladrones, con un ritmo muy ágil y vistosas actuaciones, y muchos, muchos disparos a la cabeza. O sea, Scorsese en sus dominios. Y nadie lo hace como él.
C.R.A.Z.Y. (Jean-Marc Vallée, 2005)
Una de esas grandes películas que pasan desapercibidas, si tienen suerte simplemente de “pasar”. CRAZY es una película “coming-of-age”canadiense (de Québec, más bien, por lo que está en francés). Es de verdad una joya que todo mundo debería ver, cuya poca difusión tiene que ver con que no fue exhibida comercialmente en EU por el inmenso costo de las regalías que implicaba la selección musical de la película (muy buena, por cierto, con varios cortes del cánon del pop acorde a la década que transcurre, convirtiendo la película en una especie de musical). Es una película muy cálida, que nunca condescendiente,que toca de una manera muy lúcida aspectos tan universales como la autoexploración, la relación intrafamiliar y la búsqueda de identidad sexual, con una utilización muy inteligente de recursos cinematográficos y de postproducción, y sobre todo, un excelente (y abultado) reparto, destacando la actuación de Marc-André Grondin en el papel principal. De veras, no te la pierdas. BONUS: Minientrevista con Jean-Marc Vallée)
Little Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006)
Little miss Sunshine no es una manifestación cinematográfica sublime ni se jacta de serlo; es una película modesta que tuvo la buena o mala fortuna, según la perspectiva, de ser un hitazo que terminó nominado al Óscar y ganando un par. Sí, es medio simplona y manipuladora (de convenientes e improbables circunstancias, digamos), pero es muy efectiva y sus personajes verdaderamente provocan empatía. Hace que te la creas, pues. Muy buena música (es Devotchka, nomás) y muy buenas interpretaciones (de verdad, y lo dice alguien que odia a los niños actores en comedias, no puedes evitar amar al personaje de Abigail Breslin), coronadas por un magnífico Steve Carrell, cuyos ojos contienen una emoción y expresividad francamente inesperada y sorprendente.
Idiocracy (Mike Judge, 2006)
Con la sutileza de un mazo a la cabeza, Mike Judge critica el engranaje social gringo y sus productos retratando una sociedad futurista donde el declive de la humanidad se debe al apendejamiento sistemático que ha sufrido, aunado a la hipercorporatización y saturación mediática. Una finura. Y bueno, la crítica de Judge es contundente y presenta algunos conceptos geniales (ya nadie toma agua, ésta fue sustituida por un brebaje al estilo Gatorade -¡tiene electrolitos!-, y Costco es la escuela de Derecho más prestigiada), que compensan la irregularidad de la historia.
Factotum (Bent Hamer, 2006)
De verdad quería que me gustara. Honestamente, la versión de Henry Chinaski de Dillon es bastante plana (y algo forzada), y la película, independientemente de su fidelidad (o falta de) a la obra de Bukowski, no se sustenta por sí sola debido a su soporífero ritmo (que podría ser justificado pero la pasividad de la cinta y sus personajes no lo perdonan) y ofrece una resolución facilona que, a mi modo de ver, traiciona en cierta medida el espíritu de Bukowski (aunque en realidad no sé, nunca he leído Factotum).
Perfume: The story of a murderer (Tom Tykwer, 2006)
Esta sí que fue una gran sorpresa. Después de haber leído algunos comentarios, no esperaba gran cosa de Perfume, incluso me hice wey varias semanas para ir a verla, pero su kilométrica permanencia en carteleras (y la disponibilidad de estupefacientes, a decir verdad), provocaron que terminara viéndola y oh sorpresa, qué bien me la pasé. Sin haber leído la célebre obra de Patrick Suskind, fue una grata sorpresa ver una historia verdaderamente fascinante y llena de matices, y más aún por la impecable realización del gran Tom Tykwer, llena de ritmo, color y vida. La manera que plasma de manera visual un sentido (el olfato, evidentemente), provocando en el espectador una sensación que verdaderamente remite al acto de oler, es obra verdaderamente de un virtuoso, y más allá de inconsistencias literarias (como el comentadísimo final), la película es un viaje por sí misma. A mí me encantó (creo que eso quedó claro).
Stranger than fiction (Marc Forster, 2006)
Aunque definitivamente sí remite mucho a Adaptation, que es a todas luces un filme superior, Stranger than fiction posee varios elementos que la hacen fascinante. De entrada, el rollo “meta”, lo de la historia dentro de la historia, siempre que es ejecutado con por lo menos un poco de astucia resulta interesante, aunque sea para ver cómo es resuelto. Pero al dejar que estos dos universos se unan, con consecuencias… um… ¿catastróficas? No sé si me atrevería a llamar temeraria a la película (pero sobre todo al guión del novato Zach Helm), pero no puedo dejar de elogiar los riesgos que corre y la manera que los asume. Pero no todo es maravilloso en Stranger than fiction, ya que la actuación protagónica de Will Ferrell, sin llegar a ser mala, es bastante plana (aun dentro de los parámetros de su personaje), aunque la compensa el magnífico trabajo de Dustin Hoffman y especialmente Emma Thompson, que cuando quiere sigue siendo genial. Por cierto, la música (que es muy poca) la hace el wey de Spoon.
The Science of sleep (Michel Gondry, 2006)
Ah qué Michel tan hipersensible. Ya sé que el personaje principal termina resultando odioso pero creo que ese era el chiste, y a Gael García lo sale verdaderamente espectacular. No, de veras me sorprendió. Y no por menospreciar, sólo que nunca lo había visto hacerle a la comedia y quedé a-no-na-da-do por el timing. Aparte de que está buenísimo. Ejem. Pero sí, más allá de la (aparentemente generalizada) antipatía que provoca el personaje de García, creo que la película tiene más aciertos que fallas. Coincido que a la larga sí se queda corto y termina siendo poco más que un ejercicio estilístico, uno con suficiente virtuosismo visual (en varios niveles) para sobresalir como tal, pero además es básicamente la historia de un niñote ejecutada con una “ingenuidad” que en efecto, puede resultar enervante, pero finalmente resulta apropiada para una historia agridulce como la de Gondry.
Notorious Bettie Page (Mary Harron, 2006)
Todavía no sé exactamente qué pensar de esta película. Creo que el problema está en la concepción del filme y las expectativas que podría crear. La cinta de Harron no pretende ser un retrato exploratorio del psique de una persona (como las chafitas biopics contemporáneas Walk the line o Ray), ni tampoco un análisis postcultural de la creación de un ícono pop. Es un relato recto sobre una muchacha muy cómoda con su cuerpo que de alguna manera subvertió en su momento las convenciones sociales de género. No cargando una antorcha ni remando intencionalmente contracorriente, sólo que no se ajustaba a lo que la sociedad podría esperar de ella. Sin satanizar ni ensalzar ni victimizar ni “heroizar”. Pero también sin profundizar en el personaje. Pero ni duda cabe, Gretchen Mol es gloriosa.
The proposition (John Hillcoat, 2006)
¿Cómo hacerle justicia a The proposition? Antes que nada hay que decir que sí, en efecto, es absolutamente genial. Es, además, bastante coherente con lo que se esperaría de una historia de Nick Cave (violencia, poesía, muerte y muchas moscas). Es, también, una especie de recontextualización del western al estilo Peckinpah, brutal, despiadado, y finalmente sustentado en la exploración de la condición humana. Es, cómo no, una pieza ambiental impecablemente orquestrada por John Hillcoat, un paseo con resonancia emocional por la estepa australiana que no elude (sino involucra) los tenores sociales y el momento histórico durante el que se desarrolla. Es, por si fuera poco, inmensamente entretenida, con un ritmo lento, que nunca aburrido, que emula de algún modo el siniestro y desesperanzado caminar de un condenado a muerte. Y es, finalmente, una historia de seres humanos que actúan conforme a las circunstancias, nunca bajo paradigmas simplistas del “bueno” y el “villano”, en la que destacan enormemente un intensísimo Guy Pearce, el infalible Ray Winstone, Danny Huston, y un divertidísimo John Hurt. Es una obra maestra.
The fountain (Darren Aronofsky, 2006)
Otra obra maestra. Bueno, ante los ojos de este humilde mortal, al menos. Y es que sí, puede tener fallas y no estar del todo redondeada, pero es una experiencia, un viaje en sí, retadora y provocativa, que exige análisis y atención. Ya quisieran la mayor parte de los cineastas activos los huevos de Aronofsky para hacer esos tremendos (y ahí va el cliché) tour-de-force (como Réquiem por un sueño y en menor medida Pi), guiándose por una premisa y explotándola hasta donde da sin tener que venderla, sólo seduciendo al espectador para formar parte de ella. Como experiencia sensorial no tiene desperdicio: la impresionante música corre a cargo de Clint Mansell (que liderara en su momento Pop will eat itself), quien con el Kronos Quartet creara uno de las bandas sonoras más representativas del cine de los últimos 10 años, la de Réquiem por un sueño; y por otro las alucinantes creaciones visuales de Jeremy Dawson y Dan Shrecker, realizadas sin generación computarizada de imágenes (CGI), sino basadas en la macrofotografía en 3D de microorganismos marinos, que mezclados con ciertos químicos constituyeron la imaginería de ciertos escenarios de la película. Pero el punto, que ya quedó medio lejano, es que The fountain es, ante todo y sobre todo, una historia de amor, encarnada con pasión incendiaria por Hugh Jackman y naturalismo angelical por Rachel Weisz. Cómo me gustan los adjetivos ¿verdad? Pero sí, The fountain no es una película fácil, de ninguna manera. Como mencionaba, exige del espectador y abarca una plétora de alusiones antidiluvianas, bíblicas, prehispánicas, etc., en un producto final ejecutado con seguridad y fuerza, desarrollando sus conceptos en distintos niveles (visual y aural) y proporcionando un final épico, memorable como pocos, absolutamente orgásmico. Impresionante.
Chan Wook-Park completa su trilogía sobre la venganza y la termina en una nota alta: muy emocional y visualmente rica, pero, al igual que Oldboy (no he visto Sympathy for Lady Vengeance), lo estilizado abruma a la sustancia y cuesta trabajo verla como más que eso, precisamente, un ejercicio de estilo. Quizá no estoy viendo el panorama completo, pero esa impresión me deja.
Friends with money(Nicole Holofcener, 2006)
Aunque aparente ser similar a esas comedias románticas burguesas de Nancy Meyers y similares (pornografía de bienes raíces, le llaman), Friends with money termina siendo un estudio bastante franco y sin tapujos de las relaciones adultas, la manera en que las amistades divergen y otros factores entran en juego. Sin romantizar, sin compadecerse y sin moralizar, dibuja un retrato agrio pero realista.
El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006)
Visualmente espectacular y finalmente conmovedor, el nuevo cuento de hadas con conciencia social de Guillermo del Toro desarrolla ciertos temas planteados desde El espinazo del diablo (que incluso son elementos recurrentes en la filmografía de Del Toro), pero que, en oposición a ésta, en el Laberinto del fauno nunca cuajan del todo. Digo yo, creo que el paralelismo entre el mundo fantástico y el de la guerra civil nunca se entrelazan (o se reflejan) del todo, sino que caminan como historias diferentes con algunos puntos en común. Creo también que, a la larga, la sobreexposición y los elogios desmedidos que ha recibido (tanto la cinta como su director) no harán más que empañar sus (indudables) méritos cuando pase de moda.
Volver (Pedro Almodóvar, 2006)
Pero bueno, si nos vamos al otro lado del espectro, el de las películas menospreciadas, esta es un ejemplo relativamente representativo. Digo, no es que haya sido vilipendiada, pero creo que Volver es de lo mejor del año. Definitivamente menos espectacular y vistosa que Hable con ella o La mala educación, la fuerza de Volver se concentra en la atención al detalle, la calidez de la exploración femenina almodovariana (que ya es como una marca) y, por supuesto, la voluptuosa Penélope Cruz. Una película brillante, gentil y honesta.
Babel (Alejandro González Iñárritu, 2006)
Pues es cierto que la tendencia sadicota de Iñárritu y Arriaga nunca fue tan evidente y pesada como en Babel, a la que, si le añadimos lo forzadísimo de la convergencia de sus tres historias (¿el rifle? ¿en serio?), pues estamos con la peorcita de las trilogía Iñárritu/Arriaga. Calificada con el no tan desatinado mote “Crash globalizada” por las convenientes y simplonas coincidencias que avanzan la trama, a Babel la salva el instinto cinemático de Iñárritu (auxiliado por el infalible ojo de Prieto) que logra plasmar momentos verdaderamente memorables (a mí de verdad me gustó el clicheadísimo montaje de Tijuana a ritmo de Celso Piña) en el ejercicio favorito de Arriaga: tirar mierda a sus personajes mientras los observa con desprecio.
The new world (Terrence Malick, 2005)
Quizá tuvo que ver con el humor del momento, pero El nuevo mundo me dejó absolutamente frío. Estaba listo para amar esta película (estupefacientes y todo) pero de verdad no me hizo nada. A lo mucho sí me encontré sedado por su hipnótico –lentísimo- ritmo, y pude disfrutar la fotografía de Lubezki, pero ahí quedó. Nunca terminó de interesarme el personaje de Pocahontas y la película no dejó la menor marca en mí. De hecho, no me acuerdo de la mitad (igual fueron los estupefacientes). Una lástima, considerando la calidad (y mi reacción a) de La delgada línea roja, y que probablemente Mallick no haga otra película en unos diez años.
Tarnation (Jonathan Caouette, 2004)
Hacía mucho tiempo que una película no me impactaba como Tarnation. Creo que es una cinta que cualquiera con el mínimo interés en la concepción del cine moderno y las expectativas para el medio requiere ver. Tarnation es básicamente un relato muy personal (y cuando digo muy es MUY, no tienes idea) de un joven y su relación con su mamá. Lo destacable es que está constituida solamente por imágenes, grabaciones y fotos caseras que Jonathan Caouette (ahora sí, el autor de la película) recopila y presenta de manera espectacular para rendir una especie de sentidísimo homenaje-exploración de su madre, quien llevó una vida (por dejarlo leve) tortuosa. Es la primera película que conozco que deja de manifiesto su clara función como una especie de terapia o desahogo emocional de su creador. Absolutamente genial.
Borat: Cultural learnings of America for make benefit glorious nation of Kazahstan (larry Charles, 2006)
Me temo que ya no hay mucho que decir sobre Borat (¿el segundo mejor reportero del mundo? ¿de dónde salió eso?). Mis elevadísimas expectativas sobre la cinta se cumplieron con el resultado final, que quizá pierde efectividad después de verla por primera vez, pero eso no quita que se trate de un experimento cinematográfico avant-gard (cómo chingados no) alrededor de un actor verdaderamente privilegiado, cuyo trabajo trasciende el nivel de actuación y pasa a ser todo un performance. Y cuando el resultado es tan pero tan gratificante, la verdad no hay queja de mi parte.
The prestige (Cristopher Nolan, 2006)
Christopher Nolan no deja de sorprenderme. De verdad, creo que ningún otro director mainstream actualmente hace películas tan agradables, completas y satisfactorias como Nolan. Que para nada fáciles, aclaro. Con The prestige presenta una ridículamente emocionante e interesante historia, al mismo tiempo que hace un comentario (o una suerte de analogía) entre el cine y la magia (o el cine como ilusión, pues). Y es, similarmente a Memento, todo un acertijo que obliga al espectador a participar y elaborar conclusiones, sin dejar cabos sueltos, con excelentes actuaciones y maravillando al ojo, de paso. Por cierto, gloria a David Bowie (y a Christian Bale, qué chingados).
The matador (Richard Shepard, 2005)
Pues sí pero tantito. Digo, no está mal, pero en realidad muy buena tampoco. Greg Kinnear es verdaderamente infalible y Pierce Brosnan es bastante divertido jugando con el ineludible referente de James Bond que carga en todas sus películas (sobre todo si interpreta otro agente secreto). Pero sí, divertida, con un par de momentos memorables y una buena resolución, pero hasta ahí.
Hard candy (David Slade, 2006)
Finalmente Hard candy es una fábula, bastante divertida, por cierto, y bastante interesante en su puesta en escena. Los actores cargan impecablemente con la cinta (con la dificultad de un guión sólo a dos voces), que ciertamente mantiene al espectador a la expectativa hasta el último minuto (que no son muchos, afortunadamente). Creo que hasta cierto punto peca de moralista (aun como fábula), el personaje de Patrick Wilson me parece tan real como puede ser alguien en sus condiciones.
Casino Royale (Martin Campbell, 2006)
Además de Diamonds are forever (de la que ni me acuerdo), Casino royale es la primer película que veo. Honestamente, creo que ese ínfimo récord ha sido para mi beneficio, pero Casino royale me hizo repensar mi adversión prejuiciado hacia el agente 007. Por una parte, Casino royale cumple con creces con su propósito como película de acción, pero al mismo tiempo (y los aficionados de Bond lo confirmarán) hace un excelente trabajo como precuela o “antecedente” en el repertorio bondiano. Tiene sus problemas (es injustificadamente larga, para empezar), pero cumple con toda la pirotecnia de una película de acción (esa persecución inicial), y al mismo tiempo satisface como paso hacia adelante de un ícono pop.
A falta de reseñas individuales para todas las películas que hemos visto desde la última reseña fílmica en este blog, nos dedicaremos a hacer un compendio con comentarios breves de cada cinta vista desde entonces:
Breakfast in Pluto (Neil Jordan, 2005)
Una maravilla de pies a cabeza. Delirante, colorida, graciosa, surreal, conmovedora, y, como sería de esperarse, un desmadre sin pies ni cabeza. Pero no hay problema, cuando una película está llena de tal vitalidad y fuerza, el desmadre se perdona. Mis respetos a Cillian Murphy, y ojo con dios en la Tierra y su cameo, Bryan Ferry.
Miami vice (Michael Mann, 2006)
Qué seriedad, dios mío. Cuando una película no se puede reír ni tantito de sí misma, estamos en problemas. Tiene lo suyo, por supuesto, Michael Mann es un cineasta en todo el sentido de la palabra, y sabe utilizar los recursos con los que cuenta de maravilla, pero cuando una película basada en Miami vice se toma tan en serio, todos salimos perdiendo. Más si dura dos horas y media.
Pirates of the Caribbean: Dead man’s chest (Gore Verbinski, 2006)
Divertimento muy pero muy superficial. Divertida, por supuesto, con un par de secuencias asombrosas, ni hablar, Johnny Depp rifándosela a cada cuadro, no cabe duda (aunque ojo, sin agregar nada nuevo al personaje), pero vana vana vana como pocas. Todo lo que sucede en medio de las secuencias memorables parece tan sólo un pretexto para llegar a esas escenas, y cuando a final de cuentas la película se convierte en un tráiler de dos horas para la tercera parte, de verdad da coraje.
United 93 (Paul Greengrass, 2006)
Más allá de sospechas paranoicas de un discurso de estado, donde los árabes son malos y los estadounidenses buenos, para mí la película trasciende lecturas sociopolíticas gracias al tratamiento hiperrealista de Greengrass (que indudablemente lo hace muy bien), que crea una obra sin juicios morales baratos y que se limita a mostrar una visión de lo que pudo haber pasado en un sitio y momento pivotal de la historia reciente. Como tal, el impacto dramático es potente, pero en absoluto gratuito.
Nacho libre (Jared Hess, 2006)
No puedo hablar demasido de esta película porque la vi doblada, y no se puede apreciar en su totalidad una película doblada, más si lo –probablemente- rescatable es la actuación de su actor principal. Lo que sí sé es que tiene un par de momentos relativamente graciosos, pero resulta condescendiente, incómoda, y finalmente irrelevante. Algo así como Napoleon Dynamite, pero menos gacha, gracias, en gran medida, al incuestionable talento de Jack Black.
Lady in the water (M. Night Shyamalayan, 2006)
Sólo un megalómano con problemas como Shyamalayan podría hacer esta película. Pero créanme, difícilmente veremos otro megalómano como Shyamalayan. Intensísima, bizarra, increíblemente arriesgada, frenética y mamoncísima, es, con todos sus (múltiples) defectos, absolutamente inolvidable. Y para sumarle elogios, Giamatti da una actuación Impresionante (así, con mayúscula).
Thank you for smoking (Jason Reitman, 2006)
Sátira facilona pero a final de cuentas bastante sensata de un asunto que no deja dormir por alguna razón a los estadounidenses. Lo mejor, sin duda, es Aaron Eckart, que ha logrado hacer un arte de interpretar yuppies gringos cínicos pero que se dejan querer. Consistentemente graciosa pero con sus innegables baches.
World Trade Center (Oliver Stone, 2006)
Francamente, no esperaba nada menos. Oliver Stone deja atrás teorías de complot (decepcionando a más de uno) y presenta una historia de supervivencia y coraje y todos esos adjetivos que les gustan a los mercadólogos gringos. Pero sí, una historia sencilla, sin mayor consecuencia, y definitivamente efectiva, aunque eso ya estaba dado por default. Y vamos, ¿alguien esperaba que las primeras películas sobre el 11 de septiembre fueran algo demasiado rebuscado? Evidentemente es un asunto bastante sensible y así tenía que ser, no había de otra. Lo inesperado (y algo preocupante, por cierto) es que fuera Oliver Stone, el arquetipo del gringo paranoico con huevos, quien hiciera una película así de sencilla y sobria.
MirrorMask (Dave McKean, 2005)
Considérenme impresionado. Ajeno a la obra de Neil Gaiman, esta película me dejó francamente anonadado. Un poema de principio a fin, inquietante y absolutamente cautivadora, visual y literariamente, llena de detalles y momentos fantásticos. No hay palabras para describirla.
Devil wears Prada (David Frankel, 2006)
Bla. Absolutamente deshechable, vana, insustancial, predecible y excesivamente moralista. Pero en fin, entretenida y con excelentes actuaciones de Streep y la bellísima Hathaway que la levantan pero no lo suficiente para recomendarla. Pero nada por aquí.
The libertine (Laurence Dunmore, 2005)
Posiblemente, el mejor papel de Johnny Depp desde Fear and loathing in Las Vegas (bueno, ahí emparejado con el proverbial Jack Sparrow). La verdad yo sí extrañaba ese Depp más oscuro y pues sí, desagradable, que el actor había eludido en su mayor parte en su elección de papeles por lo menos en lo que va de la década. La película en sí no es mala, pero trastabilla hacia el final, aunque, adicionalmente a la gran actuación de Depp, su mayor virtud es ese aire siniestro y ominoso que mantiene desde su excelente introducción.
The illusionist (Neil Burger, 2006)
Insisto, Norton no era el adecuado para el papel, pero la verdad me la esperaba más gachita. Le ayuda mucho el diseño de arte y la fotografía, pero se siente acartonada y el “inesperado” final deja mucho que desear, una copia al carbón y no muy ingeniosa de Sospechosos comunes, que se siente gratuita y falsa. Con todo, siempre es un placer ver a Giamatti.
Caché (Michael Haneke, 2005)
Una estupenda exploración de la “culpa burguesa”, del conflicto de clases y –sutilmente- la migración africana y asiática en Europa por el auteur francés Michael Haneke. Lo mejor es su manera de tocar todos esos temas de la manera más sutil imaginable dentro de lo que podemos llamar un thriller. Su atención al detalle y la invitación que hace al espectador de unir cabos y tomar sus propias decisiones hacen de Caché algo más que un ejercicio aleccionador. Por cierto, sobra decirlo, pero Daniel Auteil está impresionante.
Paradise now (Hany Abu-Assad, 2005)
Me parece verdaderamente destacable que una película sobre “colaboradores” (asesinos suicidas) palestinos le saque la vuelta a interpretaciones facilonas y a un discurso de redención basado en una perspectiva occidental (como la vende el tráiler), presentando un retrato absolutamente sobrio y que, sin pretensiones justificativas, muestra a dos jóvenes palestinos dispuestos y listos para cumplir el “mandato de Dios”. Hipnotizante y visualmente espectacular, es, como le llamamos por acá, una película con tanates.
Ha pasado mayormente desapercibido, pero este es un evento que no se puede dejar pasar así nomás. No todos los días el que fuera líder de una de las mejores bandas de rock del mundo (sin exagerar) hace un regreso triunfal a la escena musical. Aunque bueno, dicho regreso es debatible si se toma en cuenta que en realidad siempre estuvo por aquí o por allá, ya sea en su faceta diyei-sarcástica con Relaxed muscle, la aparición que hizo con miembros de Radiohead como The Weird Sisters en Harry Potter y la noséqué de Fuego, y la compilación The trip con el que fuera bajista de Pulp, Steve Mackey. Y por supuesto, su colaboración en el concierto (alrededor del cual luego giró un documental) homenaje a Leonard Cohen, donde se la rifa verdaderamente con su versión de I can't forget.
Pero bueno, con Jarvis, Jarvis "debuta" como solista y, aunque no alcanza la gloria absoluta de Pulp en su época dorada (Different class y This is hardcore), es un disco bastante bueno, donde se nota cómodo y con confianza, y en el que se aprecia, para nuestro consuelo, que no ha perdido lo listillo. Para muestra, el video promocional versión karaoke de "Cunts are still running the world", canción escondida del disco, que, si se animan, puede ser algo así como la gran canción de protesta de nuestros tiempos.
Así como esa "consciencia de sí mismo" ha marcado su carrera, convirtiéndolo en este ente extraño en el mundo del pop que se traslada desde glamouroso rockstar a cínico observador (en varios sentidos), Cocker ha logrado forjar un personaje estilizado, elegante, a la Bryan Ferry, que con los años ha ido perfeccionando y vertido en su música, que de cierto modo comparte algunas de esas características. Sin embargo, deja atrás esa estilización oscura del último disco de Pulp, We love life, producido por el correspondiente estilizador oscuro definitivo, Scott Walker, por un álbum más, llamémosle, luminoso, rock-pop, con melodías pegajosas e incluso temas semi lentos más minimales, pero como siempre, siempre, conservando la inteligencia y su cinismo distante de cierto modo cálido que lo caracteriza.
Pero bueno, para choro, mejor dejo la gran restrospectiva que en allmusic.com hacen de Jarvis (que todo aquel que "no le agarre" a Pulp debería leer), y el divertidísimo video de Don't let him waste your time (canción que hace un par de años tocó con Nancy Sinatra), en el que la hace de un taxista, digamos, inconsciente.
Como cada fin de año, nos encontramos saturados de listas que califican "lo mejor" del año que termina, ya sean discos, películas, y ahora, en estos tiempos de adoración al mp3, de sencillos. Y como siempre, tales listas resultan en una cantidad abrumadora de información, que nomás hace sentir mal a uno. Digo, trato de mantenerme al día, pero al darme cuenta que conozcco, en promedio, diez discos de una lista de 50, me hace pensar "mantenerse al día" implica un trabajo de tiempo completo. Y como ya tenemos un trabajo de tiempo completo, tratamos de sacar lo que se puede de aquí y de allá.
Pero bueno, lo que quería destacar en este post es un disco que, según he podido observar, se erige como EL gran disco de rock del año, por encima de nuevos álbumes de consagradísimos como Sonic youth (Rather ripped), Yo la tengo (I am not afraid of you and I will beat your ass), Flaming lips (At war with the mystics) e incluso el regreso de Mission of Burma (The obliterati), otros también bastante reconocidos, como Cat Power (The greatest), Belle and Sebastian (The life pursuit), y grupos "nuevos" que podríamos calificar como "de moda": The Decemberists (The crane wife), Liars (Drum's not dead) o The Hold Steady (Boys and girls in America).
Se trata de TV on the radio y su disco, discazo, Return to Cookie Mountain. Si con Desperate youth, blood thirsty babes, del 2004, el grupo neoyorquino mostraba promesa, con su segundo álbum desquitan las expectativas y, creo yo, las superan, al redondear su muy característico estilo del llamado "post-rock" de instrumentaciones muy pero muy atmosféricas, y de un contenido lírico críptico pero muy político (o con conciencia social, pues). Es un álbum que se admira a primera oída, pero engrandece al ser escuchado detenidamente.
Y bueno, para seguir con lo multimedia, acá está el video del primer sencillo del disco, Wolf like me:
Pero bueno, para listas de la mejor música del año yo recomiendo las de Slant, AVClub, Stylus y Pitchfork (clasificadas en videos, álbumes y singles). Mucha, mucha música. Más adelante en Rutilante technicolor presentaremos nuestra modesta versión de la música del 2006.
Y bueno, ya que estamos con links, me complace informar que he sido ordenado como sacerdote de la Iglesia del Dudeísmo, la sagrada institución bendecida con la encomienda divina de preservar los conocimientos y enseñanzas de El Duderino (si no te gusta ese rollo de las abreviaturas).
Ya sabes, para cualquier matrimonio o bar mitzvah (aquí le entramos a todo), no dudes en llamar.
Y bueno, para convencer a los indecisos, acá tenemos el tao del Dude (parte 1, 2 y 3).
Pues sí, la verdad es que tengo muy abandonado este espacio pero son tantas las cosas que quisiera tener la voluntad de sentarme a escribir, que honestamente me abruma y no sé por dónde empezar. O algo así. Pero bueno, no puedo evitar compartir algo de mi nueva fascinación melómana, que ha hecho un disco que, a mi parecer, es de lo mejorcito del año y que ha pasado lamentablemente desapercibido o menospreciado por todos lados.
Se trata de la chidísima Regina Spektor, a la que es fácil describir como una cruza entre Tori Amos y Fiona Apple, en parte por su bizarro parecido físico, pero también un poco por la "sensibilidad pop'' que comparte sobre todo con la segunda. Pero bueno, evidentemente la comparación resulta igual de condescendiente cuando se escucha con atención la música de Spektor, que aunque efectivamente comparte algunos puntos con las anteriores cantantes, contiene cierto spunk y, llamémosle, honestidad en sus interpretaciones que la distinguen claramente.
Para empezar, su rendición vocal puede resultar irritante para muchos (no es mi caso, evidentemente), pero su carisma vocal es innegable, ya que se atreve a explotar su voz de una manera bastante inventiva y con suficiente aplomo que le da personalidad y fuerza a sus canciones. Pero de entrada, es una voz dulce, amanerada, sí (aunque a años luz de alguien como Joanna Newson, por ejemplo), pero muy trabajada, y de cierto modo volátil, podríamos llamarle.
Pero sí, mientras en su primer disco respaldado por una productora importante, Soviet Kitsch, echa mano de ciertos elementos orquestales y ciertamente pomposos (la asombrosa Us, que abre el post, es la mejor muestra), conserva cierta actitud minimal y sí, punk, si se me permite, trasladada a lo musical de manera vigorosa y ciertamente personal. El asunto idiosincrático (Regina es rusa) permea el álbum a manera de collage, y sin convertirse en un novelty act, transpira individualidad y una sensación de revleación personal, sin abrumar con una actitud "yoísta".
Con su más reciente disco, Begin to hope del año que termina, Spektor recurre en mayor medida a un trabajo rico en valores de producción y en orquestaciones bien construidas, sin caer jamás en la pomposidad, evidentemente con la intención de alcanzar un mayor público y prominencia en los medios. Pero mientas un artista menor podría perder legitimidad en tal pretensión, Spektor logra transmitir, en base a tonadas pegajosísimas y verdaderamente llegadoras, traspasar dicho obstáculo y demostrar que en un momento dado está lista para una proyección de mayor alcance. Y, aún más destacadamente, conserva ese sentir personal en sus letras y melodías, perfeccionando ese estilo de pop barroco ciertamente accesible, coqueteando al mismo tiempo con interpretaciones más desafiantes, que hacen del disco una experiencia verdaderamente gozosa.
Pero bueno, ya. Mejor la dejamos con una de las mejores canciones del mencionado último disco, Fidelity.
Y si te gusta, también está muy bueno el video de On the radio. Y si estás más meloso, ahí está Samson.
Para que no digan que en Rutilante technicolor no estamos al último grito de la moda, hoy tenemos por acá a Lilly Allen y su video de LDN.
La verdad de verdad es que está fresísima pero me fascina. Desde cierta perspectiva, eso de una cantante que vio su surgimiento musical hace unos meses gracias a Myspace y las canciones que subió a su portal suena odioso, y más cuando se trata de esta chica hipercool de rolitas de despecho y corazones rotos y de cuánto-me-vale-mi-exnovio, pero a esta señorita le sale de lo más natural y en realidad sí es muy pero muy carismática. Además está re bonita, cómo no.
Y la verdad, LDN y varias otras de su disco están de lo más pegajosas y agradables, de un humorcito punzante y bastante listillo, y a la larga, lo de Myspace definitivamente sienta un precedente de la facultad de las nuevas tecnologías comunicación multimedia (uyuyuy) para permitir al creador (léase músico, cineasta, escritor) difundir su obra prácticamente sin filtros de por medio. Claro, Allen ya tiene su súper contrato con alguna disquerota, y su disco (Allright, still) está bien producidito y esperando un gran lanzamiento en EU, pero la verdad es de lo más estimulante pensar que una chavita talentosa con ciertos recursos (como en este caso) puede, en cuestión de meses, acceder a un público y crear un producto de calidad y con un peso específico.
Pero en fin, el chiste es disfrutarlo, y así como yo al escucharla, se ve que la tal Lilly lo está haciendo, y en medio de tanta chingadera afectadita y artificialmente melodramática, lo de Lilly Allen es de agradecerse.
Por cierto, en Pitchfork tienen una muy buena entrevista con ella, donde describe su cortísima trayectoria y su incursión al decadente mainstream británico.
Pues bueno, esto definitivamente no fue planeado. Mi intención era terminar esta asombrosa lista antes que empezaran todos los festivales y escuchara más información y (horror) opiniones sobre las tan anticipadas películas. Pero en fin, las mudanzas y su consecuente falta de conexión a Internet no me han permitido darle seguimiento a este asunto. Pero en fin, basta de justificaciones y terminemos esta onda aunque sea nomás por hacerlo.
10. Factotum (Bent Hamer)
Bien, reanudamos el conteo con Factotum, basada en la novela homónima de Charles Bukowski, donde su alter ego, Hank Chinaski, deambula Los Ángeles básicamente escribiendo, tomando, apostando o cogiendo. Y pues sí, consiguiendo algún trabajo de repente. Por mucho que me emocione ver adaptaciones de Bukowski, me daría miedo que Hollywood se agarrara adaptando novelas suyas hasta quitarles el encanto. Está bien así, una cada veinte años (hace 19 de Barfly). En esta ocasión dirige el noruego Bent Hamer, quien hiciera la genial Historias de la cocina, ahora con su debut angloparlante. La frialdad y sarcasmo estoico que Hamer demostró en dicha película seguramente le vendrán muy bien a Factotum, como el tráiler parece indicar.
Y bueno, aunque Mickey Rourke ya difícilmente la podría hacer de Chinaski, me da mucho gusto ver a Matt Dillon intentarlo, con eso que ya ha demostrado repetidamente su capacidad de personificar cabrones, al grado de ser nominado por la Academia por su actuación en Crash, para mi gusto lo único rescatable de tremendo dramón. Pero en fin, habrá que ver.
9. Children of men (Alfonso Cuarón) y Babel (Alejandro González Iñárritu)
No las agrupo porque sean directores mexicanos, sino que por mi tardanza en publicar ya perdió toda la novedad, al menos para los compatriotas, que sabemos hasta el hartazgo de ambas.
Children of men remonta a un futuro no muy lejano, donde la raza humana ha perdido su facultad para procrear, sentenciándose a su inexorable extinción. Pero en eso llega Julianne Moore y encuentra a una mujer que parece contener en sí misma la salvación de la humanidad: está embarazada. Y Julianne, con ayuda de Clive Owen, tendrá que hacer lo imposible por salvarla en un planeta caótico que se come a sí mismo. O algo así. El chiste es que –honestamente- la premisa suena así de buena, y el trailer indica que visualmente (y en términos de valores de producción, pues) va a ser bastante destacable. Cuarón ha demostrado en repetidas ocasiones su versatilidad y su algo así como audacia para abordar cierto material, y si algo tiene es que suele trabajar con puros chingones. Clive Owen y Julianne Moore también suena muy bien, sobre todo porque la última no ha hecho (o no le he visto) nada notable desde el 2002, cuando Far from heaven y The hours la colocaban en la estratosfera de la respetabilidad actoral (uf). Por otro lado, con todo y el estupendo aparato publicitario que la empaca (basado gráficamente en esténcil) se ve que también puede ser un desmadre espantoso, pero quiero pensar (y creo acertar) que a ultimadas cuentas la cinta tendrá algo que decir, lo cual, sumado al pedigrí de los involucrados (amo a Y tu mamá también, por cierto), hacen ver esto muy pero muy interesante.
Y Babel, que continúa y concluye la trilogía Iñárritu/Arriaga, compuesta por Amores perros, 21 gramos y ésta, que maneja como característica principal la convergencia de vidas aparentemente ajenas y el poder de la casualidad y la fortuna para cambiar vidas. Desde una perspectiva más global (las historias ocurren en México, Japón y ¿Marruecos?), asumo que la dupla de mexicanos recurrirá al dramatismo medio afectadón (pero muy efectivo) de sus películas previas, basado en actuaciones muy sólidas, acusando de cierto modo al fenómeno de la globalización y consecuencias sociopolíticas de las zonas involucradas (la frontera mexicoestadounidense, el desierto africano, etc.). La presencia de las estrellas (Pitt, Blanchett, García Bernal) seguramente le ayudará mucho para entrar al mainstream y no duden ni por un segundo un par de premios Oscar. Y bueno, con Rodrigo Prieto en la foto y Santaolalla en la música, promete mucho.
8. Zodiac (David Fincher)
Algo así como la historia de los detectives que investigan la serie de pistas que les deja el llamado asesino del Zodiaco, envolviéndolos vez más en su telaraña de intrigas y llevándolos a la obsesión. Se supone que está basada en un caso real de los setenta, y los detectives (asumo) son Jake Gyllenhaal y Robert Downey Jr.
Pero en fin, el chiste aquí es la fe ciega que tenemos en Fincher, que desde Panic room no saca nada nuevo, y del que se espera en cualquier momento otra obra maestra como Fight club o Se7en. Igual deberían contratarlo para adaptar otra novela de Palahniuk. Por lo pronto, a mí me tiene pendiente de cualquier cosa que haga.
7. Tideland (Terry Gilliam)
Técnicamente Tideland ya fue estrenada y me dicen que ya se consigue en el ominoso mercado negro, pero puta, debería ser obligatorio ver las películas de Terry Gilliam en el cine. Como para absorber la demencia en la escala adecuada. La verdad no quiero saber mucho de la historia para no arruinármela, pero tengo entendido que acá (después de los Hermanos Grimm) le dieron chance a Gilliam de hacer su película como quisiera, y, aprovechando, da rienda suelta a su imaginativa excentricidad, por lo que estamos ante una obra única e irrepetible, lo garantizo. Pinche Gilliam. Cualquiera que haya visto Lost in La Mancha, el documental de su fallida producción del Quijote, le agarra cariño al cabrón por engranado y terco. Y la neta es que, como digo, siempre ha conservado su camino y se ha peleado con todo mundo pero saca películas (omitiendo Los Hermanos Grimm) verdaderamente únicas y absolutamente distintivas, por lo que merece mi respeto y admiración haga lo que haga. Y como Oliver Stone, cuando la caga, la caga en proporciones épicas, y cuando le atina, hace chingaderas impresionantes).
6. The science of sleep (Michel Gondry)
El GRAN Michel Gondry y su tercer largometraje, que en apariencia será aún más delirante que la absolutamente genial Eternal sunshine of the spotless mind. Con Science of sleep aborda más directamente el concepto del sueño (evidentemente) que tan bien ha desarrollado en su obra, en lo que aparentemente (y recalco el aparentemente) será otra historia de amor, que si es la mitad de genuina y conmovedora que la de la película citada, me doy por servido. Además, la pareja de actores es MUY atractiva: el chidísimo (por no decir buenísimo) García y Charlotte Gainsbourg (hija de Sergei, con quien grabara la infame “Lemon incest”). Habrá que ver.
5. Goya’s ghosts (Milos Forman)
El regreso de uno de los mejores cineastas (o bueno, cuentahistorias) vivos actualmente, apareado con ni más ni menos que Stellan Skarsgaard para contar la historia de Goya. Suena a orgasmo, la verdad. No he visto tráiler ni mayor cosa (apenas un póster), pero por la alcurnia de los involucrados (que incluyen a Javier Bardem y a Natalie Portman, cerdos), es imperdible. Digo, Forman se distingue por dejar pasar largos lapsos de tiempo entre una película y otra (la última que hizo fue Man on the moon hace siete años), pero si son cintas de tal calidad, la espera vale la pena. Y quizá no se encuentre en su mejor momento –Man on the moon y Larry Flynt son geniales, pero no al nivel de Amadeus o One flew over the cuckoos nest- pero insisto, que Forman se digne agraciar la pantalla grande con su obra no es cualquier cosa.
4. Inland empire (David Lynch)
Otro de los más grandes autores que ha conocido “la pantalla plateada”, David Lynch, hace su esperadísimo retorno después de Mulholland drive (de la que hacen ya cinco años), acompañado nada más y nada menos que por Laura Dern, quien ha aparecido en dos de las películas más representativas y sencillamente chingonas del maestro, Blue velvet y Wild at Heart. De la historia no tengo la más remota idea (y créanme, prefiero no tenerla), sólo sé que el señor Lynch habrá hecho su máximo esfuerzo para joder con nuestra cabecita colectiva, intención siempre agradecible.
3. The prestige (Cristopher Nolan)
El ilusionista tiene sus virtudes, pero siempre será recordada como la otra película de magia que salió el mismo año que El Prestigio. ¿Por qué semejante aseveración? Sencillamente porque a Christopher Nolan le faltan varios años para hacer una película mala, y en honor a la verdad, un duelo de magos en el siglo XVIII protagonizado por Christian Bale y Hugh Jackman, acompañados (nomás) por Scarlett Johansson y David Bowie (¡David Bowie!), me causa algo así como una erección. De entrada, el tráiler la hace ver buenísima, con ese look y atmósfera que Nolan va haciendo cada vez más propio (su entrega de Batman, garantizo, será recordada como la definitiva), y las primeras reacciones parecen ser MUY favorables.
Lo bueno es que para esta no tendremos que esperar.
2. Shortbus (John Cameron Mitchell)
Lo siento, aquí hay que ver primero Hedwig and the angry inch para comprender lo que implica que John Cameron Mitchell haya hecho otra película. Y lo mejor es que no tiene absolutamente nada que ver con lo que cualquiera podría esperar del autor de Hedwig. El chiste es que Shortbus es un proyecto cuyo desarrollo llevó más de dos años, ya que Mitchell se clavó con el casting, haciendo una búsqueda por todo EU de actores "sexualemente desprejuiciados" (dispuestos a todo, pues) y dispuestos a tallerear por meses, para escribir un guión en base a la experiencia obtenida. El resultado final es una película donde un grupo de neoyorquinos que comparten un "espacio infame por su mezcla de arte, música, política y carnalidad" (imdb). Por donde la veas -ya sea por el proceso o por el explícito sexo real que presenta- suena excepcionalmente interesante, y ha obtenido comentarios que la califican desde abominable hasta fenomenal (inclinándose la balanza más al último). Y, como cereza en el pastel, resulta que el soundtrack trae una nueva de Yo la tengo.
1. The fountain (Darren Arronofsky)
Y bueno, por mucho la más ambiciosa del montón, The fountain abarca algo así como mil años en tres historias paralelas situadas en diferentes épocas (España en el siglo XVI, la actualidad, y el año 2,500) en las que un hombre (Hugh Jackman) trata de salvar a la mujer que ama (Rachel Weisz). El punto es que Arronofsky, después de seis años, realiza su tercer película, y considerando el currículo (Pi, Requiem por un sueño), no se puede esperar nada menos que una maravilla de este hombre. De hecho, el proyecto de The fountain lleva más de tres años; en un momento la iban a estelarizar Brad Pitt y Cate Blanchett, si no me equivoco, pero se vino abajo y hasta ahora hubo oportunidad de hacerlo. Si bien no hay que esperar el ritmo kinético de Requiem, es evidente que visualmente será un putazo y tiene potencial para ser una de las grandes -llamadas- mindfucks modernas, de esas de opiniones encontradas (en Cannes la ovacionaron y la abuchearon) que se convierten en un referente. Pero en fin, el (asombroso) tráiler:
Y de encore: Borat!: Cultural learnings of America for make benefit Glorious Nation of Kazahstan
No podía terminar la lista sin mencionar a Borat, de quien sólo voy a decir que es un reportero de la gloriosa nación de Kazahstán que viaja a EU para tratar de importar conocimientos para su país, y de paso cogerse a Pamela Anderson. Con eso basta. Pero en fin, si sabes quien es Borat, no hay nada que yo diga que pudiera animarte más a ver la película; si no sabes, mejor intenta no enterarte de nada e ir a ver la película. Creo que es la única cinta de toda la lista que puedo garantizar será una genialidad absoluta. Y bueno, si te interesa y tienes un poco más de una hora disponible, aquí tienen un compendio de los 10 mejores -ejem- reportajes de Borat de su programa de televisión.
En realidad, y siendo muy honesto, creo que Borat podría ser la película que más anticipo de todas, pero la conocí ya que tenía la lista completa y pues nones. Pero sí, es imperdible. ¡Borat para el Oscar! High five!
Después de una (imprevista) pausa de unos cuantos (poquitos) meses, Rutilante technicolor reinicia actividades. Es un acontecimiento global, créanme. Las masas han salido a las calles para congratularse por semejante noticia, y se espera un festejo espeluznante de varias semanas en cada rincón del mundo.
¡Por fin podremos enterarnos de la conclusión de la esperadísima lista de las películas que prometen mucho! (¡Aunque ya vimos un montón!)
¡Por fin podremos continuar el religioso seguimiento que llevamos de los danimixes!
¡Por fin podremos seguir leyendo apasionantes comentarios y apuntes cinematográficos y hacer como que no nos importa escuchar el mismo adjetivo y sinónimos mil veces!
¡Y por fin podremos seguir conociendo un poquito más de Daniel, leyendo sus múltiples, gratuitas e irrelevantes opiniones -no solicitadas-, y aprendiendo más de las cosas que lo hacen vibrar!
Comprendo, es demasiado. Por lo tanto no encuentro caso en abrumar a nadie con demasiada alharaca, o sea que dejaremos la esperada conclusión de las películas que prometen mucho para mañana, y hoy, para seguir el festejo, dejamos el video (¡dirigido por John Cameron Mitchell!) de la cancionsota Filthy/beautiful del grupo que más emocionado me tiene actualmente: ¡Scissor sisters!
Avanzan los días y a cada momento me entusiasma más el concierto de Bersuit al que iré mañana. Yo descubrí a ¿la? Bersuit hace como siete años con la monumental Señor Cobranza, aquella furiosamente transgresora canción que los propulsó a la fama mtvidiana, un tema extraido de su álbum Libertinaje. A partir de entonces, no sé qué pasó pero me desconecté por completo de estos argentinos, pero de unos meses para acá, los redescubrí y señor, qué revelación.
Honestamente, no sé si sonaran a un desmadre de mil cosas al mismo tiempo, pero con Libertinaje los disfruté, me reí, y se acabó; pero a partir de Testosterona, su último disco, me he dado cuenta de lo inusitado e increíblemente gratificante que resulta Bersuit Vergarabat. Esa facilidad para girar diametralmente su estilo de una canción a otra, abordándolo de la manera más antisolemne e irreverente -sin caer en lo maniqueo- conservando momentos de sobriedad cuando es adecuada, y mucha solidez y oficio musical para cada género que abarca su propuesta (que va desde el ska, reggae, folk, hip-hop, cumbia y creo que hasta merengue), complementado con un trabajo letrístico de lo más inteligente, ingenioso, vigente y mordaz, me hace pensar que lo de mañana estará muy bueno. Y la verdad, Testosterona es una maravilla, completo, variado y francamente ambicioso como pocos.
Este amanecer en mi gusto por Bersuit se debe en buena medida a la majestuosa "Sencillamente", cuyo video era mi intención pegar aquí, pero la ún ica versión en youtube es de muy mala calidad y la verdad tenemos ciertos estándares (muy bajos pero ahí están). Mientras tanto, disfrutemos (¡todos juntos!) del flamenco de La del toro, del disco Hijos del culo:
Chingada madre, me rehusaba a postear Sr. Cobranza con censura, pero con todo y todo el video es una cosa espectacular.
Por cierto, creo firmemente que Gustavo Cordero es de los mejores vocalistas del rock hispano, con una voz distintivísima y con mucha personalidad, gritona y desenfadada pero llena de relieves de un gran rango y muchísimo feeling (ahí está el también excelente video de Yo). Ya quiero que sea mañana.
Ante el insistente y multitudinario clamor de que ''bloguee más'' (por cierto, el único comentario en como tres semanas, cabrones), y teniendo en cuenta el contundente impedimento que implica la falta de Internet, supongo que tendré que seguir posponiendo el gran final de los posts donde anticipamos películas que prometen muchos hasta que termine mi mudanza y pueda instalar Internet, y provicionalmente saciarlos (ejem) con un poco de homoeroticismo ochentero responsabilidad de un par de dioses, Mick Jagger y David Bowie, y su ochentera rendición de Dancing in the street, grabada como parte de lo de Live Aid.
Y bueno, ya que estamos en esto, otra joyita ochentera del casi mejor grupo de dicha década, Oingo Boingo, con la canción Little girls y la delirante actuación de Danny Elfman como conflictuado -pero finalmente resignado- pederasta.
Nuestro jipi favorito, Devendra Banhart, en una de sus canciones más -digamos- accesibles. Innegablemente recordando al Marc Bolan de Tyranosaurus Rex, la música del gringo pero criado un tiempo en Venezuela Banhart evoca muchas buenas ondas, proclamas antiguerra y hasta poquito esoterismo, todo con muchísimo humor e irreverencia, en su disco más producido, Cripple Crow, donde traslada la esencia rústica y hechaencasa de sus primeros álbumes a un producto final muy completo y variado. Desde la portada, que es una maravilla:
OK, parte cuatro, donde iniciamos (je) el conteo de las 20 películas más anticipadas en Rutilante blabla... Pero de veras ya son las últimas veinte, lo prometemos.
20. Perfume: the story of a murderer (Tom Twyker)
El nuevo largometraje del geniecillo alemán de Corre Lola corre y La princesa y el guerrero, Tom Twyker, dolorosamente prescinde de Franka Potente, pero compensa con Dustin Hoffman y Alan Rickman, aunque aparentemente en partes pequeñas. Perfume... está basada en un libro de Patrick Suskind, que por cierto era supuestamente el favorito de Kurt Cobain, quien -también supuestamente- lo utilizó como inspiración para Scentless apprentice, y trata sobre un tipo que desarrolla facultades olfativas extraordinarias (!) que utiliza para crear los mejores perfumes del mundo, y cuya búsqueda por la fragancia "definitiva" lo lleva a utilizar métodos ciertamente poco ortodoxos. Creo que el tráiler habla por sí mismo, ya sea el teaser o el extendido.
19. The last king of Scotland (Kevin Macdonald)
The last king of Scotland es un retrato del régimen del brutal dictador de Uganda Idi Amin, visto a través de los ojos de su médico durante los setenta. Sin conocer gran cosa sobre la historia de Uganda, gracias a Wikipedia me entero que durante su mandato se reportan entre 300,000 y 500,000 ugandeses torturados y muertos, y que fue un asesino despiadado con una personalidad fascinante: el tagline de la película lo describe como encantador y magnético. Forest Whitaker hará de Amin, en un papel que le dará muchísimas posibilidades de lucir sus dotes histriónicas, a menudo desperdiciadas o menospreciadas, y seguramente aprovechará con un personaje tan peculiar como éste; viendo el póster ya estoy intrigado. Y para asegurar el trato, el trailer:
El director Kevin Macdonald es el de Touching the void, aquel documental que recrea la increíble odisea de un par de alpinistas en los Andes, la cual difícilmente funcionaría como indicador para una historia tan diferente, pero es definitivo que, adicionalmente a una historia sumamente atractiva, aquí hay talento involucrado.
18. The wind that shakes the barley (Ken Loach)
La polémica película ganadora de la Palma de Oro en Cannes hace unos meses, del siempre transgresor y provocativo cineasta inglés Ken Loach. Si bien Loach tiene una carrera muy destacada de casi tres décadas como uno de los directores británicos más socialmente comprometidos con causas de varias partes del mundo, no es tan reconocido en este continente. Pero digamos que es como un Oliver Stone más sutil y con una sensibilidad ciertamente más europea (y menos paranoico). Aquí retoma la guerra civil irlandesa en la década de 1920, desde la perspectiva de la relación de dos hermanos separados ideológicamente por la guerra. La película, protagonizada por Cillian Murphy, ya ha sido objeto de mucha discusión en Inglaterra debido a su caracterización de los ingleses como sádicos, en oposición a los luchadores idealísticos irlandeses, y a la postura que asume Loach en su discurso. Pero si de algo -como pocos- se puede enorgullecer Loach, es de abordar cada proyecto desde una perspectiva muy definida y firme, haciendo de cada uno de sus filmes todo un manifiesto, conservando una estética y -de nuevo- sensibilidad cinematográfica envidiable. Para mayor referencia, ver la poderosísima Bread and roses, sobre trabajadores indocumentados en Los Ángeles.
17. Margaret (Kenneth Lonergan)
Aquí es fe ciega en Lonergan. Margaret es su esperadísimo segundo trabajo como director, después de la bellísima You can count on me, una historia de amor fraternal como pocas, llena de verdad. Definitivamente Lonergan es escritor antes que director, pero tiene una mano para dirigir actores que muchos envidiarían en un cineasta novel (la relación en dicha película entre los personajes de Laura Linney y Mark Ruffalo es abrumadora). Por su parte, Margaret es una historia aparentemente sencilla: trata de una joven en Nueva York que presencia un accidente que le causa un dilema moral, convirtiéndose en catalizador de cambio en su propia vida. No suena a nada extraordinario, pero de verdad, si has visto You can count on me, sabes qué se puede esperar de una historia "simple". Con Anna Paquin como personaje principal, y Mark Ruffalo y de nuevo Matt Damon.
16. 300 (Zach Snyder)
Del director del extraordinario remake de Dawn of the dead, viene otra adaptación de una novela gráfica de Frank Miller -después de Sin City-, que trata de soldados griegos y persas y la batalla de Termopilas y un montón de cosas de las que no tengo idea. Como nunca he leído dicho comic y en realidad no sé nada de la Batalla de Termopilas, confío en que toda la gente engranada que fielmente sigue esta producción sabe de lo que está hablando y la gran expectativa es justificada. Las primeras imágenes ya están en línea y todo parece indicar que será un relato violento y sin inhibiciones, respetando la estética de Miller (aunque no creo que al nivel de Sin city), y si Dawn of the dead sirve como parámetro, Snyder tiene mucha habilidad para desarrollar relaciones humanas dentro del caos, lo cual le sentaría bien -para variar- a una película épica-histórica de legendarios héroes y batallas. O yo qué sé.
15. Across the universe (Julie Taymor)
Across the universe es un musical que incorpora canciones de los Beatles, marionetas y animación (si no mal entiendo, similar a lo de Waking life y A scanner darkly que ya comentamos), que pretende retratar a la sociedad americana en los sesenta, partiendo de los movimientos socioculturales. Lo que no entiendo es cómo se va a hacer lo de la música de los Beatles, ya que me da miedo que la música en la cinta termine produciendo un pastiche horroroso como el de I am Sam. Si bien no confiaría mucho en una película que involucra a Bono y a Salma Hayek (ah sí, los involucra), definitivamente Taymor tiene un estilo visual muy colorido e imaginativo, lo cual, con música de los Beatles y un tratamiento inteligente, podría terminar siendo -ejem- un manjar para los sentidos.
14. Southland tales (Richard Kelly)
Otro enfant terrible del (nuevo) cine gabacho, que se recluyó (o por lo menos se tomó su tiempo) desde su inmenso éxito con Donnie Darko. Por comentarios desde Cannes (que bueno, suelen ser muy engañosos) le ganó la presión de las expectativas y terminó haciendo una cinta muy ambiciosa y muy pretensiosa que no llega a ningún lado, mientras que él afirma que hace películas como rompecabezas, para que el público los descifre, adicionalmente a llamar Southland tales "un híbrido extraño de las sensibilidades de Andy Warhol y Philip K. Dick". Como sea, me muero de ganas, porque eso de una cinta inclasificable de tres horas que retrate a unos Los Ángeles víctima de un ataque nuclear en el 2008, al bordo del colapso ecológico, económico y social, tocando temas como las grandes empresas petroleras, la industria de los reality shows y de la pornografía, todo esto con un reparto enorme del que distinguen Sarah Michelle Gellar, The rock y Justin Timberlake. Suena demasiado extraña como para ser mala. Pero en efecto, las opiniones han sido polarizantes: unos se preguntan si Kelly alguna vez ha conocido a un ser humano, y otros le llaman una obra maestra sobre el fin del mundo equiparable al mejor trabajo de David Lynch. Y como cereza en el pastel, Moby hace la música original.
No me la pierdo por nada en el mundo.
13. For your consideration (Cristopher Guest)
Para empezar, debo aclarar que Cristopher Guest es Nigel Tufnel de Spinal Tap, quien después de la película de dicho grupo (que no fue dirigida por él, sino por Rob Reiner) ha hecho su carrera como director realizando "mockumentaries" diversos, como Best in show (sobre concursos de perros) y A mighty wind (sobre grupos de folk sesenteros que se reúnen), reuniendo a un elenco recurrente que incluye a gente tan chingona como Catherine O'Hara, Parker Posey y Fred Willard. En esta ocasión realiza una parodia (que ya no 'mocumental') del mundillo de los premios hollywoodenses, en la que los actores de una película comienzan a ser rumorados como nominados a los premios Óscar y similares (buzz, le llaman), y lo que pasa a raíz de esto. Seguramente no es para todos los gustos, pero para los que hemos reído y llorado con las cintas de Guest, (y más si nadmitimos -aunque nos cueste- cuánto os interesan los Óscares y similares) suena deliciosa.
12. Volver (Pedro Almodóvar)
En realidad no creo tener que explicar porqué suena bien una película de Almodóvar. Además, en el caso del español, me gusta sorprenderme cuando veo sus películas, por lo que me rehúso a leer sinopsis que me la arruinen. Pero bueno, sólo voy a mencionar que es el reencuentro de Almodóvar con Carmen Maura, y que según dicen, retoma cierta estética warholesca (¿es eso una palabra?). Con el tráiler tenemos.
11. El laberinto del fauno (Guillermo del Toro)
Guillermo del Toro retoma de El espinazo del diablo elementos fantásticos-malignos del entorno de la guerra civil en una España "rural", comentando sobre la vida de las personas frente a la imposición de un régimen represivo. Ahora, en oposición a un orfanatorio, El laberinto del fauno narra la historia de una niña que junto con su madre y padrastro se muda a una casa de campo, donde "encuentra" un laberinto resguardado por un sátiro (!). Y de ahí pa'l real. El laberinto... aparenta ser la película más estilizada de Del Toro, donde da rienda suelta a su implacable imaginería fantástica, ya sin el yugo de cargar una película de estudio como Hellboy (que como sea es buenísima), retomando esta vena más personal y sustancial que apenas empezó a dejar ver en El espinazo del diablo. Y lo de Sergi López como militar franquista es absolutamente brillante.